lunes, 19 de diciembre de 2011

5 mesecitos

Aunque casi me dejo llevar por otro tema, no puedo dejar de pasar la oportunidad de recordar que mi Pequeña Princesa cumple hoy 5 meses, y para celebrarlo qué menos que una foto típica de estas fechas en las que estamos.

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Y qué voy a decir si soy su madre, ojalá se detuviera el tiempo y todo fuera un poco más despacio, porque esta niña se me escapa entre las manos y no me puedo creer que lleve ya casi medio año con nosotros. Tampoco puedo decir nada diferente a lo que contaba a los 4 meses, pues sigue siendo un sol de niña, un amor, está preciosa, simpatiquísima, risueña, charlatana, espabilada, creo que voy a ponerme un babero... Es que no puedo estar más enamorada de ella, cada vez que la miro, la cojo en brazos y la acaricio pienso que no hay persona en el mundo más afortunada que yo, pues menudos dos tesoros me ha regalado la vida.

Ya parece una bebota mayor porque se mantiene sentada como una muchachita, toda tiesieta ella, mirando hacia todos lados, señalando, agarrando, llamando nuestra atención con sus grititos y su charloteo, me fascina cómo intenta comunicarse con nosotros, hacerse escuchar. La gente se sorprende bastante cuando la ve, no solo por lo bien que mantiene la postura y lo atenta que está a todo, sino por lo inquieta que es, ¡no para!, ayer estábamos en una tetería con los amigos, la senté en un sofá y no paró de mover los brazos y las piernas en toda la tarde, con una energía y una fuerza tremenda, intentando por todos los medios incorporarse. Y es verla moverse así y no poder evitar imaginármela dentro de la barriga, así se movía, y así me tenia baldada todo el día con tanto bailoteo.

Se pasa el día hablando en su idioma con todo lo que le rodea, con su hermano, con sus juguetes, con los gatos... Sí, ha descubierto que hay unos bichos suaves y peludos y ya empieza a hacer de las suyas tirándoles de las orejas, aunque los gatos ya están acostumbrados a estas lides y aguantan estoicamente.
Además le ha dado por hacer pedorretillas sin cesar, coge aire, hincha los carrillos y a hacer burbujitas con la boca, se lo pasa pipa ella sola y a mí me encanta mirarla.

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La verdad es que me voy todos los días a trabajar con una rabia enorme porque el tiempo que estoy trabajando es tiempo que me pierdo de estar con ella y disfrutar de sus avances, con la de cosas nuevas que hacen a estas edades. Y da la casualidad de que muchas primeras veces ocurrirán mientras yo esté trabajando, y en lugar de presenciarlas me tendré que limitar a que me las cuenten y esperar a que lo repita de nuevo... Por mucho que logremos conciliar, estar fuera de casa es lo que tiene.

Pero, pese a todo, el tiempo que paso con mi niña, el mejor del mundo, no me lo quita nadie, y se enriquece además compartiéndolo con mi príncipe mayor, pues al fin del cabo los mejores momentos del día son los que disfrutamos los tres.

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