viernes, 29 de julio de 2011

Y el milagro se hizo vida... la historia de mi segundo parto


Las cosas pasan cuando tienen que pasar y da igual que intentes ser prevenida, porque si tiene que ser ese día, será. A pesar de adelantar la fiesta de cumpleaños de Iván cinco días, Antía decidió empezar su camino hacia la vida exterior precisamente ese día, el domingo 17 de julio. Celebrábamos esa tarde el cumple de Iván y a mediodía el del abuelo con una super paella familiar, por la noche volveríamos a casa para aprovechar los últimos días del embarazo y ultimar detalles... pero nos cogió el toro.

Ese domingo me desperté muy temprano, como me solía pasar esos los últimos días, si me levantaba a hacer pipí y ya había amanecido me costaba volver a coger el sueño, así que esa mañana, después del pipí de las 7.30, volví a meterme en la cama y en mi vigilia mañanera me puse a pensar en todo lo que tenía que hacer ese día, y los posteriores. Papá se levantó al ratito y me quedé sola con Iván en la cama, le di la mano y me acerqué a él, me encanta verlo dormir...

De repente noté un leve chorrito que no me sorprendió porque la incontinencia urinaria me ha acompañado desde el principio del embarazo. Sin embargo aquello me extrañó, ya que el chorrito salió solo, sin la ayuda de un estornudo, una tos o algún esfuerzo que suele ser el impulso que lo provocaba. Así que pensé "¿No habré roto aguas?... No, esto es pipí... Ostras, ¿Y si he roto aguas? No, no creo, si esto ya me ha pasado antes... No me levanto, que no ha sido nada... Me voy a levantar para asegurarme de que no es lo que creo que es..." así que decidí levantarme e ir al baño. Al levantarme se me escapó otro chorrito más, "esto ya no es lo que parece", pero al sentarme en el baño se abrió el grifo."Sí, ¡He roto aguas! No me lo puedo creer, ¡precisamente hoy!". Me levanté y me fui al salón, pensando en la cara de Papá y el Abuelo cuando les dijera lo que estaba pasando...

En un segundo cambiaron nuestros planes del domingo. Recogimos como pudimos lo más importante y lo metimos en la maleta, como yo seguía perdiendo líquido poco a poco me vestí y me acosté en el sofá sobre el lado izquierdo, con una toalla debajo del culete, y cuando estuvo todo más o menos apañado nos montamos en el coche para irnos al hospital. Pero no sin despedirme antes de mi pequeñín, que estaba recién levantado y algo confuso con todo el jaleo... me dio mucha penita despedirme de él, le dije que nos íbamos a tener a la hermanita, le dio un beso a mi barriga y nos fuimos. 

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De camino al hospital paramos en casa a coger las bolsas y a las 10 estábamos ya en el mostrador de admisión.

Al llegar al Área de Paritorio me recibió una matrona que me puso en monitores. Aquello estaba muy tranquilo, tras ponerme las correas se fue y me dejó allí sola, yo me encontraba perfectamente sin el mínimo dolor, así que estaba más que aburrida allí, entre esas paredes. Cogí un paquete de galletas de chocolate que había echado al bolso porque no me dio tiempo a desayunar, y por hacer algo eché mano de papel y boli y me puse a escribir las tonterías que se me pasaban por la cabeza (ver la entrada anterior...). Y por acabar de entretenerme, cogí mi móvil y, tras comprobar que no  había ninguna conexión wifi, me puse los auriculares para escuchar un poco de música.

Una hora después más o menos vino la ginecóloga, una chica jovencita, de aspecto agradable, y pasamos a la consulta. Allí me reconoció y me confirmó que me quedaba ingresada por la rotura de la bolsa, pero que de momento no había siquiera borramiento de cuello, así que aquello no había empezado y podía tardar. Me informó que de no ponerme de parto en 24 horas comenzarían a ayudarme, el concepto Inducción planeaba en el aire. Me pidió la cartilla maternal en la que yo había colocado estratégicamente mi plan de parto... Abrió los dos folios, lo leyó y cuando acabó me dijo que estaba muy bien, pero que yo debía saber que no habría problema en cumplirlo mientras no surgiera ningún problema. Pero empezamos bien, porque mostró interés y respeto, en lugar de despreciarlo o tomárselo como si fuera una tontería.

Así que nos fuimos a la planta de ginecología, y tras una ducha me puse mi camisón y a esperar. 

A esperar... 

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Daba por hecho que a mediodía tendría a mi niña en brazos, por la experiencia del parto de Iván, pero allí pasaban las horas y nada, yo seguía encontrándome como una rosa y con la sombra de la inducción amenazando. Yo hablaba con mi niña pidiendo que fuera buena y naciera de manera natural, incluso la amenacé sin paga hasta los 18 años como me hiciera acabar en cesárea, había que ponerle un poco de humor a la cosa.

Mi madre se fue a casa a las 6 de la tarde porque estaba allí desde las 11 de la mañana y aquello no tenía pinta de empezar, las visitas iban y venía y yo estaba si cabe mejor que la gente que venía a verme. A las 18:50 horas me llevaron a dilatación porque parecía que empezaba a tener contracciones y me hicieron un registro de una media hora, pero en palabras de la matrona "no había dinámica de parto", así que de vuelta a la habitación con mi gozo en un pozo. Por la tarde-noche, a eso de las 9 mi cuñada me trajo a Iván y bajé al hall del hospital para verlo y darle un besazo, ya que no le dejaban subir a las habitaciones. Pero no me hizo caso, me dio un beso obligado y se puso a jugar con el primo, así que me dejó un poco preocupada, pero entendí que era normal pues para él había sido un día muy raro.

Eran ya las 10 de la noche y yo seguía prácticamente igual. Tenía contracciones y eran dolorosas, pero muy espaciadas, así que no quise avisar a nadie, porque para estar sola en dilatación prefería seguir acompañada en la habitación hasta que la cosa pareciera que marchaba. En ese momento estaban visitándonos unos amigos y además me habían puesto una compañera de habitación. Parecía que las contracciones eran más seguidas, Papá y Amigo me controlaban las contracciones y, aunque seguidas, aún eran irregulares porque lo mismo me daban cada 5 minutos, cada 3 o cada 8, así que no quise avisar todavía. Los amigos se fueron cerca de las 12 de la noche y al momento de irse parecía que las contracciones empezaban a ser regulares, primero cada 5 minutos y luego cada 3, así que Papá decidió avisar al control de enfermería.

Al ratito vino una matrona, una chica joven, muy simpática y agradable, y la única persona que se dignó en presentarse y decirme su nombre, cosa que agradezco. Allí mismo en la habitación me hizo un tacto, confirmándome que había dilatado 2cm y tenía el cuello borrado un 80%, que ya había empezado el proceso pero que aún podía tardar. Yo tenía muchos dolores, al igual que Iván el dolor se focalizaba en los riñones y en cada contracción veía las estrellas; la matrona me ofreció ponerme un calmante que por supuesto rechacé, le expliqué que en el parto de Iván no me alivió los dolores pero me dejó totalmente inútil de fuerzas y conocimiento, y que para seguir con dolores prefería estar con mis facultades plenas. También me preguntó si iba a querer ponerme la epidural y le dije que en principio no tenía pensado, pues ya parí una vez sin ella y creía ser capaz de hacerlo de nuevo, o al menos de intentarlo. Así que me dijo que cuando fuera sintiendo las contracciones más fuertes la avisara, que de momento me quedaba en planta porque podría tardar unas horas en dilatar, y se fue.
Decidí caminar un poquito para ver si eso ayudaba a la dilatación, así que me enganché del brazo de Papá y caminamos por el pasillo de Ginecología hasta el patio de los potos. Me dieron un par de contracciones fuertes de camino, en cada una me paraba, abrazaba a Papá y respiraba como la matrona me había indicado para oxigenar al bebé e intentar que me doliera un poco menos (esto último fue imposible de lograr), y como no, con mis auriculares puestos y concentrándome en la música para distraerme un poco. Al llegar al patio de los potos (quien conozca el HJRJ sabe de qué hablo) me dio una contracción muy fuerte, tanto que sentí como si me hubiera dado una bajada de tensión, como un desvanecimiento, calor y a la vez sudor frío, pérdida de fuerza y equilibrio, así que Papá cogió una silla de ruedas, me sentó y me llevó de nuevo al control de enfermería.
Le dijo a la enfermera lo que me había pasado y en seguida me tomaron la tensión, 11/7, creo que nunca he tenido una tensión tan buena y me sorprendió, pero la enfermera en seguida dijo que de bajada de tensión nada, que eso obedecía a que en la contracción el bebé había bajado mucho de golpe y por eso me había sentido así, y sus siguientes palabras fueron "¡esta chica rápido a paritorio, que si no da a luz aquí!" a lo que otra enfermera añadió "lleváosla pronto que aquí estas cosas nos dan mucho miedo", pues hija, si paro en planta qué le voy a hacer, ¿no?.

Sobre la marcha vino un celador y me llevó a dilatación, y allí me encontré con la que bautizaré mi amiga, una matrona joven, antipática y desagradable a más no poder que me trató como si fuera una niña pequeña que se queja sin motivo. También entró la matrona que vino a verme a la habitación, con un "¿ya estás aquí?", "pues sí, es que me ha pasado esto y la enfermera de planta decidió mandarme aquí, yo no quería, oiga...". Ese momento fue un poco en plan "joder qué parturienta más pesada, que se cree que ya va a parir, aún le queda un rato y venga a dar por saco...".

La matrona antipática, mi amiga, empezó con el protocolo. Yo estaba en la cama y le pregunté si podía ponerme en otra postura, ya que con el lumbago no es que estuviera incómoda boca arriba, es que me dolía tanto la espalda que, junto con las contracciones, aquello era insoportable. Pues muy simpática ella me dijo "mira, esto funciona así, yo tengo que hacer mi trabajo, que es hacerte un registro de 20 minutos;te voy a coger una vía y te voy a poner las correas para monitorizarte y de momento te vas a quedar como estás hasta que tenga controlado a tu bebé; luego te puedes poner de pie, haciendo el pino con las orejas o como te de la gana, pero ahora mismo vas a hacer lo que yo te diga". Vale, esta chica demás de simpática tiene un tacto de narices a la hora de tratar con la gente. Le pregunté cuándo podría entrar mi marido y su amable respuesta fue "entrará cuando tenga que entrar", "menuda suerte he tenido con la prenda esta", pensaba yo. Me hizo un tacto y se quitó el guante para irse sin decirme nada pero antes le pregunté si había dilatado algo más y me contestó sin ni siquiera mirarme "sí, estás de 5cm", y yo pensaba "ah vale, entonces no estoy exagerando, ¿no?; pero la pregunta estrella por mi parte fue "estoy pensando en ponerme la epidural, ¿tú qué me dirías?"... 

Y aquí me confieso: SÍ, ME PLANTEÉ PONERME LA EPIDURAL. Tenía unos dolores insoportables, porque además llegó un momento en que el dolor no se me iba con la contracción sino que permanecía, se me quedó una franja de dolor en la zona de los riñones que no cesaba, era eso o que tenía las contracciones tan seguidas que el dolor no cesaba... el caso es que por un lado intentaba convencerme de que iba a aguantar, y por otro me decía que por qué tenía que ser más valiente que nadie, por qué no podía ponerme la epidural y aliviarme un poco, que no tenía que demostrarle nada a nadie. El dolor nos hace flaquear, así que en ese momento no podía más y buscaba la manera de aliviarme.

Volviendo a la preguntita, mi amiga volvió a ser el paradigma de la simpatía y me contestó "mira, tú haz lo que te de la gana, yo te doy la información por escrito y si quieres ponerte la epidural te la pones, pero que sepas que va a tardar porque los anestesistas están en quirófano" y me tiró encima de la cama el consentimiento informado, que ni siquiera leí.

"5cm dilatados, un anestesista ocupado, al final va a ser peor el remedio que la enfermedad, prefiero aguantarme". En ese momento recordé las palabras "óxido nitroso" y le dije a mi amiga que mi matrona de cabecera me había hablado de este gas como analgesia, si era posible usar las mascarillas, y bueno, como la que oye llover, pasó de mí como de comer cierto deshecho humano (o no humano). 

Entonces aparecieron unas ganas leves de empujar, se lo dije y me dijo que probara a empujar a ver cómo lo hacía. Lo intenté, pero a penas podía, y muy amablemente me dijo "¿esto es todo lo que puedes empujar? ¡pues así no vas a parir en la vida! ", "¡es que no te enteras, pedazo de cacho de trozo de bruja, que acostada boca arriba NO PUEDO!" se lo hubiera dicho así encantada, pero hasta pariendo tengo más educación que ella y le repetí que con el dolor de lumbago boca arriba no tengo fuerza. Y le hubiera contestado muy a gusto "¡así que empuje tu .... MADRE!"

Pero en ese momento entró de nuevo la otra matrona, la que me vio en la habitación, así que respiré aliviada. Le comenté que había pensado pedir la epidural pero que creía que dilatada de 5cm no me valía la pena arriesgarme a que me pudiera complicar la cosa, y me dijo que no me preocupara, que todo iba muy bien y muy rápido. Así que nada de epidural. Entró la ginecóloga que me vio por la mañana y al ver la hoja del registro de monitores soltó un "¡uys, esto va a ir volado!",¡ no sabéis qué bien me hicieron estas palabras!.
Le volví a insistir a la matrona (la buena, mi amiga afortunadamente hizo mutis por el foro y no volvió a aparecer) que no podía estar acostada y que por favor entrara mi marido, al que vi aparecer por la puerta en ese momento, y muy amablemente me trajo una silla con una empapadera para poder sentarme cómoda. Le recordé lo del óxido nitroso, salió de la habitación y al momento entró con la bombona y me explicó el funcionamiento.

Ya estaba relajada. Una matrona agradable, la presencia de mi marido y la máscara de Entonox en mi mano, sentada en una silla muy cómoda, un par de contracciones y venga chutazo de Entonox. Solo me dio tiempo a darle un par de aspiraciones, no puedo decir si realmente hace efecto porque no dio lugar a usarlo más de un par de minutos, pero cierto es que noté una sensación de "coloqueta cerebral", como que se me iba la cabeza, y cierto es también que el concentrarme en aspirar el gas, expirar, aspirarlo de nuevo, durante la contracción hizo que me despistara un poco de la propia contracción y del dolor. Estoy convencida que de haberlo usado más tiempo me hubiese aliviado bastante.

Aquello iba rápido, llegó el momento de pujar y la matrona me trajo la silla de parto, ella se trajo un taburete y se sentó frente a mí para ver qué tal iba la cosa, y cuando vino la contracción mi marido me ayudó a pujar. Perfecto, lo hice tan bien que la matrona decidió pasarme a paritorio. Me preguntó si quería ir andando o en la cama, y yo ya como estábamos decidí ir a pie, y allí me planté frente al potro del paritorio.

Decir que en algún momento, no recuerdo cual, además de EPIDURAL, se me pasó por la mente la palabra CESÁREA. Sí, lo vuelvo a decir, el dolor nos hace flaquear tanto que en ese momento todo da igual. Me hubiera dado igual que me rajaran la barriga o me hicieran una episiotomía hasta el culo con tal de que aquello acabara pronto, ¡y menos mal que iba rápido!. En ese momento buscamos soluciones fáciles sin importarnos las consecuencias... Sin embargo tuve un segundo de lucidez y recordé las sabias palabras de la matrona, "una parturienta relajada tiene el 50% del parto ganado", así que pensé en dejarme de tonterías y dedicarme a parir, que es lo que tenía que hacer.

En paritorio fue todo relativamente rápido. Me ayudaron a subir a la cama y pedí por favor que me la inclinaran para no estar totalmente en horizontal, así que me pusieron en una posición semi vertical que me alivió bastante. La matrona me dijo que iríamos a mi ritmo, que la avisara cuando sintiera ganas de empujar y ya ella me iba indicando, así que cuando llegaba la contracción se lo decía y ella me iba diciendo cuándo y cómo empujar, mientras mi marido me ayudaba recordándome las respiraciones y dándome muchos ánimos. Los dos estábamos tranquilos y muy concentrados en lo que estábamos haciendo, sabíamos lo que teníamos que hacer y la experiencia de un parto anterior nos ayudó a manterner la calma.

El expulsivo fue algo más lento que el de Iván, teniendo que cuenta que el de Iván fue exprés, pues coroné en el wc de la sala de dilatación y cuando me subieron a la cama Iván ya casi estaba fuera, no llegué ni a paritorio... Esta vez digamos que fue un proceso normal, la cabeza iba saliendo poco a poco, yo notaba como el periné se me estiraba y tensaba, ays qué dolor, intenté controlar la fuerza de los pujos como me indicaba la matrona y como nos enseñaron en las clases para evitar el desgarro, y seguí obedientemente cada una de las instrucciones de la matrona. Yo no hacía más que pensar que ya quedaba poco, que tenía que empujar con todas mis fuerzas, que cuanto mejor lo hiciera antes iba a salir mi niña y acabar todo aquel dolor, pero tenía que hacerlo bien para que mi niña no sufriera y yo no me hiciera un cristo ahí abajo.

Antía nació el 18 de julio, a las 2 en punto de la madrugada, tras tres pujos y un último tramo algo más duro y doloroso. Tras salir la cabeza escuché a la matrona decir "tiene una vuelta de cordón... dos... ¡tres!", desenredó con cuidado a mi niña y ¡por fin!, después de sacar los hombros, salió mi niña. Se había acabado el dolor, fue el único momento en el que grité, grité de alivio, y en seguida la  matrona puso a mi chiquitina sobre mi pecho. Ya me daba todo igual, las tres vueltas de cordón afortunadamente no produjeron ninguna complicación (se ve que tenía un cordón larguísimo, ¡menos mal!) y por fin tenía a mi llorona en mis brazos, sobre mi pecho, piel con piel. No la separaron de mí, no hizo falta. Todos los primeros cuidados, limpieza, corte del cordón, todo lo hicieron con Antía sobre mí, mientras ella respiraba sus primeros hálitos de vida extrauterina y buscaba mi pecho como un gatito hambriento.
Mi niña salío limpia, calentita, me enamoré de ella al momento y verle la carita hizo que me olvidara de todo el dolor pasado.

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A la vez que hacían los primeros cuidados a Antía y esperábamos al alumbramiento yo hablaba con la matrona y le preguntaba si me había desgarrado mucho, y que si tenía que coserme por favor me pinchara algún anestésico, que ya no tenía ganas de aguantar más dolor. Aún faltaba expulsar la placenta, la matrona esperó paciencia a que llegara la siguiente contracción, me masajeó el útero para ayudar, y a mí ya me daba todo igual porque ya tenía a mi chiquitina en brazos. Cuando por fin salió la placenta me confirmó que tenía un leve desgarro que ni siquiera me suturaría, porque me iba a dar más lata la sutura en sí que el propio desgarro, que como mucho sentiría escozor al orinar pero que no me daría más molestias, "¡PERFECTO!".

Mi niña se enganchó al pecho rapidísimo y empezó a mamar como una campeona, como si lo trajera aprendido de la barriga, en el momento en que sus labios rozaron mi pezón dejó de llorar y solo se oía su respiración agitada y su garganta tragando. No me lo podía creer, estaba saliendo todo como había idealizado, me sentía tan feliz y tan plena que mejor no habría podido ser. 

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Después de limpiarme, prepararme y pesar a la niña (3,040kg) nos llevaron a la sala de recuperación y allí nos quedamos por fin, los tres solitos.  Mi niña no soltaba la teta, y a mi me entraron unas tiritonas que casi tenía espasmos del frío, provocadas según la enfermera y la matrona por el subidón hormonal, por haber sido un parto tan rápido y tan intenso, "por eso lo llaman trabajo de parto, porque es el trabajo más duro que una persona puede hacer", me decía la matrona. Me echaron una manta por encima y cuando cogí temperatura tuve de nuevo otro subidón, pero esta vez supongo que de endorfinas porque no paraba de hablar con mi marido, con la matrona, con la enfermera, que casualmente fue la que me asistió en el parto de Iván y recordamos como no aquel momento. La matrona iba y venía, y de vez en cuando me masajeaba y me apretaba el útero para comprobar que se iba contrayendo correctamente, era algo molesto (incluso doloroso) pero ya lo peor había pasado; además me felicitó por el parto, por el buen parto que había tenido y por lo bien que yo lo había hecho, me dijo que estaba sorprendidísima por el control que tuve en todo momento tanto de las respiraciones como de los pujos, según ella controlé perfectamente mi parto y eso ayudó muchísimo a que todo saliera tan bien. Al final me sentí orgullosa de haber parido a dolor, sin epidural, de haberme autoconvencido de que podía hacerlo y de asumir que tenía que pasar un ratito malo pero que, si me comportaba como debía hacerlo, todo saldría bien y sería rápido. Y así fue.

Allí en la sala de recuperación postparto estaba muy relajada, y cuando llegó el momento de trasladarme a la habitación en planta la matrona se despidió de nosotros dándonos las gracias, "sois una pareja estupenda, con gente como vosotros da gusto trabajar". El sentimiento era recíproco, y como no, nosotros no dejamos de agradecerle el trato que nos había dado y lo bien que había salido todo gracias a ellas, que no siempre una se encuentra con gente tan maja que lo hace todo tan fácil y llevadero.

Nos fuimos a la habitación y allí, a las 4 de la mañana, celebramos el nacimiento de nuestra niña comiendo un trozo de tarta de galletas que mi cuñada nos había traído esa tarde. La ocasión lo merecía, y yo tenía que recuperar fuerzas, como no. Y justo en ese momento entró una familia acompañando a una chica que ingresaban por posible parto. Y la sorpresa se la llevaron cuando vieron a mi niña en la cunita y les dije que acababa de parir, "hija, ¡viéndote cualquiera lo diría!", pues sí, me encontraba estupendamente, para qué negarlo.

Así que, aunque después de romper aguas tardé cerca de 15 horas en ponerme de parto real, una vez empezó la fiesta todo fue muy rápido. Fue un parto mucho más doloroso que el de Iván, muy intenso y concentrado, pero por suerte rápido y bueno. El único incoveniente fue el rato que me atendió la matrona desagradable, por lo demás puedo decir que tuve un equipo fantástico y que no podía haber esperado un parto mejor.

Una vez más, al igual que me pasó con Iván, salí con la satisfacción de las expectativas cumplidas, tuve un parto natural, respetadísimo, donde primó mi voluntad y mis necesidades, donde se cumplieron una a una mis preferencias reflejadas en mi plan de parto. No se si la matrona lo leyó o sabía de su existencia, se que la ginecóloga lo incluyó en mi historial, pero pienso que de leerlo tuvo la voluntad y la buena disposición de respetar mi voluntad; y de no leerlo, me alegro de que no haya necesidad de pedir un parto natural y respetado, que salga de la propia iniciativo del equipo sanitario el hacer lo posible para que esto sea así.

De cualquier manera el resultado ha sido fantástico, pues nuevamente vuelvo a tener un recuerdo maravilloso de mi parto y la satisfacción de haber parido como quería. Y afortunadamente, alguna vez podré enseñar a mi niña cómo nació, ya que tengo la tremenda suerte de tener un precioso vídeo del nacimiento de mi princesa, al igual que con Iván. Y esto sí que hay que agradecérselo a la matrona, que no puso ningún tipo de impedimento para que inmortalizáramos tan importante momento.

Y así el milagro se hizo vida... otra vez. ¡Bienvenida, Antía!

jueves, 28 de julio de 2011

Reflexiones en la Sala de Monitores

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"Son algo más de las 10 de la mañana y estoy en el Hospital, en monitores. Esta mañana he roto aguas casi sin darme cuenta. Estaba despierta desde las 7.30 de la mañana, después de haberme levantado varias veces por la noche a hacer pipí. Una de las veces pensé que no se si aguantaría muchos días más con esas molestias dolorosas en la vejiga...

Como no podía dormir me puse a pensar en todo lo que tenia que hacer esos días; hoy celebrábamos el cumple del Abuelito Juan y el de Iván. Ayer mismo dimos un largo paseo y acabamos en el Parque de Mickey, y me imaginaba ya celebrando hoy la fiesta; pensé en cómo preparar las bolsas de chuches para dar a los amiguitos de Iván, la piñata, los regalitos que iba a recibir mi peque, la tarta... Estaba muy ilusionada porque es el primer cumple que es consciente de que cumple años, y ayer no hacía más que repetir "¡va a ser mi cumple!"... Pobrecito, al final se lo vamos a tener que retrasar, y me da muchísima pena por la ilusión tan grande que tenía.

Bueno, no ha sido una rotura de aguas escandalosa pero no he dejado de empaparme la ropa interior. Hemos recogido las maletas, Iván se ha quedado con el Abuelo y la prima Bea y Papá y yo nos hemos venido al hospital.Yo me encuentro bien, aquí estoy en monitores, sin dolores y sin a penas contracciones, y algo aburrida... Tengo un paquete de galletas de chocolate en el bolso, menos mal porque no he desayunado y estoy muerta de hambre; hemos avisado a la gente más cercana para avisarles de que hay que cancelar la fiesta de Iván por fuerza mayor, no vaya a ser que se presenten allí y se encuentren que no estamos... Con tanta galleta me voy a engollipar, si me dieran un poquito de agua me quedaría estupenda.


Ahora toca esperar. No se cuánto durará esto, la matrona es algo seria y dice más bien poco, supongo que estaré aquí una horita hasta que me vea de nuevo, pero como me encuentro bien no me preocupo. De momento tengo pocas contracciones y sin dolor, espero que esto no se alargue mucho.
Creo que a la nena le molesta la correa porque no deja de darle patadas... Antía, ¡hay que ver que te podrías haber esperado 12 horitas!

Me voy a poner música y de paso veo si encuentro alguna red inalámbrica para conectarme a internet. Mala suerte, no hay wifi, así que me relajaré escuchando un ratito la radio.

Echo mucho de menos a Iván , me he despedido de él con un besazo, le ha dado el último beso a su hermanita en mi barriga y me he ido... Me gustaría tenerlo aquí conmigo ahora mismo, comérmelo a besos y decirle lo mucho que le quiero. Me siento culpable por no haberme podido dedicar a él como quisiera estos últimos días... Ya no será mi único niño, ahora tendrá que compartirme con su hermana."

Así pasé mi ratito en monitores, cuando llegué al hospital tras romper aguas. Estaba sola, completamente espabilada y despierta y tremendamente aburrida, así que cogí papel y boli y me puse a escribir lo primero que se me pasó por la cabeza. Confieso que creía que a mediodía tendría a Antía en brazos, no me imaginaba que pasarían casi 15 horas hasta que eso sucediera. Continuará...

¡Un nuevo premio!



Este nuevo premio viene de la mano de PARIS y su blog Diario de mi embarazo y reciente maternidad, muchas gracias por el premio (yo los recojo todos ¿eh? y si no he recogido alguno es porque no me he enterado...). Este premio viene con preguntitas, porque es de los de conocernos mejor. Así que ahí van:


1. ¿Cuál es tu reto?

Hacer felices a mis hijos


2. ¿Qué le dirías a tu jefe si te tocara la lotería?

Le diría "¿Sabes contar? Pues no cuentes conmigo jajaja


3. ¿Qué harías si descubrieses que alguien te está mintiendo?

Hacerme la tonta y seguirle el rollo hasta hacerle caer en algún momento. La mentira tiene las patas muy cortas y al final todo se sabe, y nada mejor que dejar en evidencia al mentiroso con sus propios medios.


4. Si se te quema la casa y solo pudieras salvar una cosa, ¿qué salvarías?

Teniendo en cuenta que los gatis no son cosas, seguramente mi portátil, porque es donde guardo todas las fotos y videos, y los recuerdos no se pueden comprar en ningún sitio.


5. Entras en un sitio con mucha gente, ¿Qué haces?

Depende de la necesidad, pero por lo general si veo que hay mucha gente procuro ni entrar. De hecho, por muchas ganas que tenga de comprarme un pedazo par de zapatos o lo que sea, como vea que hay cola me doy media vuelta y me voy.


6. Ves el vaso medio lleno, o medio vacío?

Afortunadamente soy del tipo de persona que siempre ven el vaso medio lleno. Siempre positiva.


7. Te encuentras una lámpara mágica, ¿Qué tres deseos pides?

Salud para mis niños, un sueldo Nescafé para toda la vida y vivir sin complicaciones.


8. ¿Cuál es tu mayor miedo?

Perder a alguno de mis hijos.


9. ¿Qué te hace feliz?

Por supuesto ser madre y criar a mis hijos. Y de manera más egoísta, con cualquier cosilla soy feliz, una buena comida, una buena película, un buen... en fin, ¡esas pequeñas cosas!


10. ¿Consigues sacar un minuto para tí cada día?

Cuando me acuerdo sí, aunque normalmente tengo tanto que hacer que ni me acuerdo de mí misma...


11. Si pudieras reencarnarte en animal, ¿Cuál serías?

En general un gato, en particular mi gato Munki, creo que no hay gato más feliz y que viva mejor sobre la faz de la tierra.


12. ¿Cuál es tu recuerdo más feliz?

El nacimiento de mis hijos, no hay nada a la altura de eso.


13. ¿En qué ciudad vivirías, y por qué?

Pues no lo se porque he viajado poco... Siempre me ha gustado Madrid, me apasiona, pero no se si podría vivir lejos del mar, así que puede que Barcelona sea una buena alternativa. Me gustan las grandes ciudades porque tienen mucho de todo que ofrecer. Pero, sinceramente, aquí vivo muy bien.


14. ¿En qué crees?

Creo en que las cosas se consiguen por uno mismo y quien la sigue, la consigue.


15. ¿Qué sientes cuando creas?

¿Cuando creo qué? hummm pasopalabro, nomentero...


16. ¿Te gustaría conocer el futuro?

No, me gusta el riesgo y lo desconocido jajaja. Si no la vida no tendría gracia...


17. ¿Qué otros nombres del blog te planteaste antes de poner este?

Creo que ninguno, básicamente porque me cuesta mucho trabajo titular las cosas... de hecho ya me pasa con las entradas que publico. Creo que desde el principio no se me ocurrió mejor título para mi blog.


18. ¿Crees que se pueden hacer buenos amigos a través del mundo blogger que frecuentas?

Pues no lo se. Creo que a través de los foros sí es posible porque es un contacto más directo, el blog en sí creo que necesita de otros mecanismos tipo redes sociales para traspasar la barrera del blogger-lector-blogger. Pero una vez superada esa barrera creo que sí es posible. Por mi experiencia puedo decir que gracias a los foros he hecho grandes amistades.


19. ¿Qué libro quedará grabado para siempre en tu memoria?

He leído mucho, pero pudiendo pecar de superficial y niñata, creo que la Saga Crepúsculo me ha dejado bien marcada, jajaja.

Y este lo reconcedo a:


- ALMA 

- LONDON 

- CARTAFOL

- MARÍA, mamá de PEQUEÑOKOALA

Un besito a todas, ¡hoy voy corriendo que si no no os cuento mi parto!

miércoles, 27 de julio de 2011

¡Fiesta, piñata y muchos regalitos!

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Ayer por fin pudimos celebrar el cumple de Iván, que fue todo un éxito pese a haberlo hecho todo tan corriendo. Iván fue el protagonista absoluto, como no, se lo pasó muy bien y al final del cansancio cayó rendido en mis brazos, dormido como un tronco.

A la fiesta vinieron sus primos peques y sus amiguit@s más cercanos, además de dos vecinitas de la urbanización de la playa. En total eran 10 niños que se preocuparon más por jugar en el parque y saltar en el castillo hinchable que de comer los sandwiches, el caso es que no aguantaron sentados en las sillas más de 5 minutos, pero porque se lo estaban pasando realmente bien, tanto que hubo lágrimas a la hora de irse porque no querían salir de allí. Así que yo encantada de que a los papis les haya gustado el sitio, y de que los peques, para los que era la fiesta, disfrutaran tanto.

Iván tuvo muchos regalitos, y un poco de todo que nos viene genial. Siempre se junta con toneladas de juguetes que al final no sabemos donde guardar y, como no, que ni sabe que tiene porque no le da tiempo a jugar con todo. Esta vez los papis me han ido preguntando qué necesitaba y al final ha estado la cosa muy equilibrada, porque ha habido muchos juguetes pero también mucha ropita de invierno, que nos viene muy bien.

Los juguetes le han gustado todos, esta mañana mi salón estaba igual que la mañana de Reyes lleno de papel de regalo, cajas vacías y rotas y piezas de juguetes dispersas por el suelo. Libros, puzzles, juegos magnéticos, un banco de herramientas y unos patines, ha habido de todo, lo ha probado todo y no da a basto para jugar.

La verdad es que casi no vimos a los peques en todo el cumple porque se pasaron gran parte del tiempo jugando en los columpios, Iván no paraba de ir de un lado para otro, pero fue increíble la cara de ilusión del momento de soplar las velas, el único momento que conseguimos que estuviera quieto. Sopló las velas con Mamá y luego se comió un trozo de tarta más grande que él. 

El momento piñata era el más esperado, llevaba más de dos meses con la dichosa piñata a vueltas, la llenamos de caramelos y chuches, la colgamos de un palo y en el momento de tirar... ¡Le entró el miedo! No hubo manera de que tirara de la cuerda, empezó a llorar diciendo que le daba miedo y Papá lo tuvo que coger en brazos, así que sus primos y amiguit@s hicieron los honores, rompieron la piñata y al momento estaban todos los peques por el suelo recogiendo caramelos, compitiendo por ver quién llevaba las manos más llenas.


Así que todo un éxito porque Iván y los peques disfrutaron a tope, que era lo importante. Este año Iván ha sido el absoluto protagonista, a partir del año que viene tendrá que ser generoso y compartir fiesta y protagonismo con Antía, aunque conociéndolo seguro que lo hará encantado.

lunes, 25 de julio de 2011

Los primeros días de Antía

Ahora mismo hace una semana estaba en el momento álgido de mi parto, a caballo entre la dilatación y el expulsivo, deseando que aquello acabara pronto y que por fin naciera Antía. Una semana que se me ha pasado volando, parece mentira...

Mi chiquitina tiene una semana y parece que siempre ha estado con nosotros. No se cuánto durará lo bueno, lo cierto es que esta niña es un amor de buena y tranquila, no me está dando nada de trabajo y nos lo está poniendo todo muy fácil.

No me canso de mirarla, es tan pequeñita y parece tan frágil, pero a la vez es tan espabilada y despierta que es una delicia observarla. Abre los ojos como platos desde el momento de nacer, cuando está despierta lo observa todo, y cuando escucha mi voz vuelve la cabeza y me mira, como si nos conociéramos de toda la vida. Si es que eso de estar 9 meses dentro de mí tiene que servir de algo...

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Hemos empezado la lactancia materna de una forma excelente, la matrona me la puso sobre mi pecho nada más nacer, contacto piel con piel absoluta, una sensación indescriptible... y poco a poco se fue acercando hasta que encontró mi pecho, se enganchó y empezó a mamar, como si lo hubiera hecho siempre, qué sabia es la madre naturaleza. Es muy tragoncilla, tanto que tuve un subidón bestial al día y medio de nacer, y se me llenaban los pechos como cántaros, tanto que como tardara en mamar más de la cuenta porque está dormida se me ponían duros como piedras, así que tenía que espabilarla y ponérmela al pecho, por temor a acabar con mastitis. Sin embargo fue cuestión de dos días, parece que mi pecho se va regulando bien y adaptándose a los horarios de mi pequeña.

Eso sí, me han salido grietas que ahora mismo son poca cosa, pero en el momento de engancharse siento un pellizco doloroso durante unos segundos. No se qué es lo que ha podido fallar para que me hayan salido las puñeteras grietas, porque la postura corporal de Antía es correcta, abre la boquita bien y mama muy a menudo... el caso es que ahí están y hay que esperar a que curen, pero como la experiencia es un grado se que esto dura unos días y luego será como si no hubieran existido.


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Con Iván está yendo todo mejor de lo que me esperaba. No deja de estar pendiente de la hermana, aunque sigue con sus rutinas y juegos... es cierto que estamos algo más permisivos con cosas como el ordenador, como sabemos que le gusta mucho le estamos dejando que juegue a Pipo y al Pequeño Fritz. Intenta cuidarla a su manera, la acaricia, cuando la tengo en brazos la besa, incluso me pide cogerla y entonces lo siento a mi lado y se la pongo en brazos, sosteniéndola yo por debajo, no vaya a ser; es el "jefe" de los pañales, se encarga con mucha emoción y responsabilidad de tirar los pañales sucios a la basura y vuelve con cara de satisfacción del deber cumplido; lo pregunta todo sobre ella, así que con mucho tacto le explicamos que toma teta porque no tiene dientes y no puede comer como los mayores, que tiene la piel arrugada (la tiene cuarteada y algo descamada como él cuando nació, me da que la dermatitis atópica también nos va a acompañar esta vez) porque ha estado mucho tiempo en el agua, como le pasa a él cuando sale del baño, y que duerme mucho porque es muy chiquitina y no sabe todas las cosas que sabe él. 

Pero le insistimos una y otra vez que es un hermano mayor estupendo, que cuida muy bien a la hermana y que Mamá está muy contenta porque me ayuda mucho. Cada vez que alguien se acerca a verla dice "¿Has visto a mi hermanita?", "Mira, es mi hermanita, ¡es muy pequeñita!" y cosillas así, orgulloso de ser hermano mayor y de tener una hermanita tan guapa.

Así que estos primeros días están siendo estupendos, es buena hasta el extremo y así da gusto, por las noches solo se despierta para mamar y no me resulta para nada molesto ya que se duerme en cuanto acaba y se queda tan tranquila en la minicuna; lo bueno es que no le ha quitado a Iván su espacio, ya que el muy bicho sigue haciendo incursiones nocturnas en nuestra cama y sí que sería un palo sacarlo ahora... Así que él sigue con nosotros y la peque nos acompaña cuando toca teta. 

No se cómo será el futuro, en cuanto podamos le compraremos la cama grande a Iván, y si no quisiera dormir solo tengo en mente la opción de la cuna en sidecar, así estamos juntos pero no apretados.

Pues eso, que estoy encantada, tanto que me siento super libre a la hora de salir con ella y seguir haciendo nuestra vida normal, como si nada hubiera cambiado, solo que ahora somos una más en la familia... Estoy enamoradísima de ella y me pasaría todo el día con ella en brazos mirándola y sintiendo su calor; si fuera mi primera hija lo haría, pero tengo que tener brazos, ojos y atenciones para mis dos niños, así que tengo que hacer un esfuerzo y no achucharla tanto como me pide el cuerpo para que Iván no se sienta amenazado.


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Ahora soy mami de dos, tengo a mi niño y a mi niña, creo que no se puede pedir más. Puede que las cosas cambien, pero de momento Antía nos está dando unos primeros días estupendos, mejor de lo que me hubiera imaginado, así que no puedo ser más feliz.

viernes, 22 de julio de 2011

Nuestro príncipe cumple TRES AÑOS

Hoy hace tres años que mi vida cambió por completo y sucedió lo mejor que podría haber deseado, me convertí en madre. Y tres años después ese pequeñín que dio un vuelco a nuestra vida no solo cumple años, sino que se ha convertido en el hermano mayor de Antía, esa chiquitina que ha venido a completar nuestra familia.

Hoy no hemos hecho nada especial porque nos ha cogido un poco el toro con esto de que Antía haya llegado antes de la cuenta. Tenemos la tarta en la nevera esperando a que le soplen la velita, que lo íbamos a hacer esta tarde en casa con la familia, pero con todo el ajetreo lo haremos mañana. Y la fiesta tampoco tardará mucho, si todo va bien el martes 26 de julio celebraremos por todo lo alto (aunque también en petit comité de familia y amig@s) el cumpleaños que teníamos que haber celebrado el domingo 17. Por suerte ya está todo preparado, así que solo queda esperar a que llegue el día y disfrutar al máximo de lo que para Iván será un gran día.

Lo miro y parece mentira que ya hayan pasado tres años, y el hecho de haber dado a luz de nuevo justo en estos días hace que recuerde aquellos momentos con muchísima intensidad, y que de alguna manera reviva cada una de las sensaciones que sentí como mami primeriza. Ahora tengo más experiencia, y la ayuda de mi niño que ya es todo un hermano mayor y ha acogido a su hermanita con mucha ilusión.

De repente lo veo tremendamente mayor, lo cojo y parece que pesa más, lo miro y parece que ha crecido de golpe, será que con mi chiquitina al lado de repente me he dado cuenta de que hace tiempo que Iván no es un bebé y que tengo un niño criado. Está llevando muy bien todo este cambio, aunque cuando hay gente delante se pone algo petardillo intentando reclamar la atención de los demás, pero en casa se está portando bastante bien. Nosotros estamos también algo más permisivos de la cuenta porque no es momento de ponerse estricto y que lo relacione con la llegada de Antía, así que intentamos ponérselo todo más fácil para que entienda que su hermanita no le va a quitar el amor y los mimos de sus papis, que tenemos para dar y regalar lo mismo o más, porque no me canso de decirle a mi niño lo guapo que es y lo mucho que lo quiero.

Me siento muy orgullosa de mi niño, a pesar de que sea un trasto que no para quieto y que a veces nos ponga al límite, pero eso también hace que aprendamos de él y de nuestros errores. Pronto irá al colegio y comenzaremos una nueva etapa, aunque de momento tenemos todo un veranito por delante para pasar en familia, en esta familia que ha aumentado y que no podía ser mejor.

Tres añitos, pero el primero de ilusión y verdadero conocimiento de que cumple años, es lo que más me ilusiona, saber que Iván está tan ilusionado con cumplir años y celebrar su fiesta. Se ha pasado el día cantando Cumpleaños Feliz y Feliz en tu día, hemos ido a comprarle un regalito pero no ha querido nada de la juguetería... sin embargo Papá ha encontrado por casualidad en un baúl un dominó de merchandising Cruzcampo, y como se ha pasado los días jugando al dominó con el abuelo, no podía haber tenido mejor regalo. 

Y digo yo, lo mucho que tenemos que aprender de estas criaturas, que son los más felices con las cosas más sencillas, ojalá esa sencillez le dure mucho tiempo y siga valorando tanto esas pequeñas cosas.

El año que viene tendrá que ser generoso y compartir su fiesta de cumpleaños con su hermanita, pero este año será de nuevo el protagonismo exclusivo. Estoy deseando que rompa la piñata que tanta ilusión le hace y ver su carita soplando las velas con sus amiguit@s... ¡Qué bonito es ser madre!

jueves, 21 de julio de 2011

Y Antía quiso venir antes de tiempo

Aunque veo que muchas lo habéis deducido al no dar señales de vida como prometí. Pues sí, a pesar de todos mis esfuerzos por intentar celebrar el cumple de Iván antes de la llegada de Antía, se ve que ella no opinaba igual y que no se lo quería perder, así que ese día empezó rompiendo todos mis pronósticos.

Os prometo contaros todo largo y tendido, por capítulos si es necesario, pero ahora no puedo más que resumir lo que han sido estos últimos días de locura y de adaptación a una nueva vida que nos ha cogido por sorpresa antes de lo esperado.

Bueno, el domingo a las 9 de la mañana rompí aguas de manera poco escandalosa, con pequeñas pérdidas de líquido amniótico. Así que tuvimos que recoger las maletas y venirnos sobre la marcha a Huelva, ya que ese iba a ser nuestro último día en El Portil, después del cumple de Iván.

Llegamos al hospital a las 10 de la mañana, y tras 1 hora en monitores y una exploración me ingresaron por la rotura prematura de la bolsa, pero sin signos de haber comenzado parto. Pensé que iba a ser más breve, pero pasaban las horas y parecía que no me iba a poner de parto en la vida, ya me había avisado la ginecóloga que a las 24 horas empezarían a "ayudarme" si no me ponía de parto yo sola. Al final, después de todo el día pensando en lo que podía haber estado haciendo (celebrar el cumpleaños de mi suegro, y por la tarde la fiesta de Iván), a eso de las 12 de la noche empezó "la fiesta" de verdad, y tras 2 horas de duras, dolorosísimas en intensísimas contracciones Antía asomó su cabecita al mundo. Fue un parto como digo muy doloroso e intenso, pero afortunadamente breve, natural, respetadísimo del que al final salí muy feliz. Aunque tuve mis debilidades... pero eso es carne de otro capítulo.

Antía vino al mundo después de 3 empujones y con 3 vueltas de cordón; en seguida la pusieron sobre mi pecho, contacto total piel con piel, y fue maravilloso conocernos así e iniciar la lactancia materna de una manera tan natural. Pesó 3,040kg y sacó matrícula de honor en el test de Apgar al momento de nacer, tiene una melena preciosa y es una chiquitina de 47cm.

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Por mi parte puedo decir que parí a dolor, confiando en mí, en la ayuda de mi marido y la participación de la matrona, que fue estupenda, y el resultado fue un parto sin episiotomía, con un desgarro mínimo que ni siquiera me suturaron, del cual a penas tengo secuelas. Puedo decir que me encuentro de maravilla porque no tengo ninguna molestia (salvo mis amigas las hemorroides, eso así) , vamos, que parece que no he parido, y lo único que me he traído del hospital (además de las hemorroides y como no, a mi preciosa niña) es un dolor de lumbago de estar 3 días allí metida.

De Antía podría hablar y no parar porque es buenísima, me enamoré de ella al instante y no puedo dejar de mirarla. Decir que es buena es poco, porque solo llora cuando le pasa algo, que normalmente es por hambre, glotona que me ha salido. Tiene una mata de pelo precioso, larguito y oscuro, y desde el momento de nacer abre los ojos como platos para observar todo lo que le rodea. Es teta-adicta desde el minuto uno y la cara de verdadero placer la tiene cuando se duerme sobre mi pecho después de mamar, como si fuera la mejor almohada del mundo. Es una preciosidad, tan chiquitina, tan frágil que parece pero a la vez tan espabilada... es un aunténtico bebé, Iván me salió medio criado y parecía más grande de lo que era, Antía me da mucha ternura de ver lo pequeñita que es, me encanta.
No se a quien se parece, yo no acabo de sacarle parecido, será porque  Iván era una fotocopia de papi... pero todo el mundo dice que se parece a mi, y ahí está mi madre que no se cansa de repetir que es un calco de mí cuando nací. Yo la veo preciosa, se parezca a quien se parezca...

Iván lo está llevando mejor de lo que esperaba, pudo ver a su hermanita en el hospital y se pasa el día hablando de ella, a todo el mundo le recalca que es SU hermanita, la acaricia, la besa, me ayuda en lo que puede, aunque tenemos que estar muy pendientes porque a veces es un poco bruto y no controla su fuerza. Además, como era de esperar, cuando hay gente delante intenta llamar la atención de manera casi desesperante y creo que vamos a tener que armarnos de muchísima paciencia para sobrellevarlo.
Pero por suerte, de primeras ha reaccionado mejor de lo que esperábamos, así que todo es cuestión de ir viendo el día a día e intentar que para él sea lo más llevadero posible, que no se sienta desplazado y que sepa que seguimos siendo sus papás y él nuestro nene, aunque desde hace 3 días sea el mejor hermano mayor del mundo.

Bueno, prometo contaros con detalle mi parto, del que tengo un amplio reportaje video-fotográfico espectacular, la lactancia y los primeros días de vida de mi preciosidad. La fiesta de Iván queda pospuesta a alguno de los próximos días, aunque hoy (porque sí, mi niño cumple años dentro de 7 horas escasas) soplaremos las velitas en familia.

Como curiosidad, decir que parece que estoy predestinada a que mis embarazos finalicen a las 39 semanas, que parece ser que tengo la fortuna de tener partos buenísimos, y casualmente mis dos hijos han nacido exactamente 3 días después de la luna llena... al final será que habelas, hailas...

jueves, 14 de julio de 2011

DÍAS DE PREPARATIVOS

Para no aburrirnos, entre una cosa y otra. Por un lado los preparativos para la inminente llegada de Antía, y por otro la fiesta de cumpleaños de Iván, que será este domingo.

Como ya he comentado -me repito más que el ajo- le adelantamos la fiesta a Iván por si acaso, cumple años el jueves 21 pero le haremos la celebración este domingo 17. Tiene una ilusión tremenda, es el primer año que es consciente de que cumple años y está deseando que llegue el día de la fiesta, se pasa todo el santo día repitiendo "yo cumplo tressssss" y nos da la tostada con la dichosa piñata. Es increíble, con lo pequeño que es y los pocos cumples a los que ha ido, como conoce perfectamente el mecanismo piñatero, como si se hubiera pasado toda la vida tirando de una cuerdecita para que caigan chuches de una caja de cartón.

Al principio nos pidió la piñata de Dora la Exploradora porque el capítulo de la piñata es de sus favoritos, he ido a la tienda a buscarla y se les había agotado, le enseño una de Buzz-Ligthyear pero me dice que no, que quiere la de Dora, así que la dejo encargada, y al poco de salir de la tienda, ya en el coche, me dice "Mamá, quiero la piñata de Buzz-Lightyear"... cosas de niños, se llevó una semana dando la chapa con la dichosa piñata y hasta que la he comprado (sí, la de Buzz), no se ha quedado tranquilo. Eso sí, sabe que hasta el día de la fiesta no se puede abrir y lo está llevando a raja tabla, "Mamá, hay que guardar la piñata para la fiesta, ¡no se abre!", ¡qué cumplidor es!.

Como no estamos para derroches (es lo que tiene que tu empresa tenga la poca vergüenza de no pagarte el sueldo, aquí mecagoentóloquesemenea por decirlo finamente), y como serán pocos niños (unos 8 en total) hemos decidido no dar paquetes individuales de chuches y meterlo todo en la piñata. Como medida anti-crisis nos hemos ido al super y hemos comprado algunos paquetes de gomitas surtidas, esponjitas (o nubes) un par de cajas de aspitos, palotes y piruletas en el kiosko de las esquina; unas bolsitas de plástico decoradas en el chino, que rellenaremos con todo lo que hemos comprado, nos saldrán varios paquetitos, por lo que por menos de 5€ tendremos como mínimo para 2 paquetitos por niño. Eso sí, habrá que estar ojo avizor para que, a pesar de que caigan de la piñata, cada niño acabe con sus 2 correspondientes paquetitos, así que como casi todos son peques como Iván daremos las instrucciones necesarias a los papis.

La tarta será made in MERCADONA, que son buenas, bonitas y baratas, por 7€ no me lío yo a hacer tarta en casa, que no estoy para esos trotes y es digo reconocer que la repostería no es lo mío. Así que el sábado iremos a por ella, seguro que con el estreno encontramos alguna de  Rayo Joaquín (¿adivinais quién es? jajaja).

La fiesta será en una terraza que tiene un parque infantil estupendo, totalmente vallado para tener mejor controlados a los peques, con las terraza del bar justo delante de la puerta de acceso, y donde todos los columpios son de este estilo...


Un parque ideal para niños pequeños, porque los columpios son accesibles, seguros y muy aptos para peques de edades tempranas. Está genial porque con niños de la edad de Iván, que ya son más independientes y se las pueden arregla solos, puedes sentarte a tomarte un refresco tranquila, sin perder de vista al peque.

Eso sí, he tenido que decir a los papis que sintiéndolo mucho la fiesta es solo para peques, es decir, los papis que se quiera tomar algo se tienen que pagar la consumición porque ahora mismo no podemos excedernos en los gastos... pero es que era eso o no hacer fiesta, y con la ilusión que tiene Iván me niego a no celebrarle el cumpleaños, pese a que eso me suponga quedar mal con los papis, pero mi hijo es lo primero, y en realidad la fiesta es para l@s niñ@s más que para los papis.


Y los preparativos para la llegada de Antía también nos tienen atareados, aunque a estas alturas andamos muy retrasados por la puñetera economía. 

Ya hemos montado el cochecito, el otro día nos trajimos el capazo del altillo de la casa del abuelo, hemos lavado las telas y ya está carrito abierto, capazo puesto, y hace un ratito le hemos montado el patín para que Iván "conduzca" a su hermanita. El patín ha quedado muy bien, y ha sido cortesía de un compi de trabajo, no sabéis lo bien que me ha venido.

La bañera la hemos limpiado bien, Iván la sigue usando y tenía algo de humedad, así que la hemos puesto en remojo con lejía para quitarle las manchas. Hemos sacado las patas soporte y ya está todo en su sitio.

El moisés también está apañado, con sus telas lavadas, listo para ser usado, me falta comprarle unas patas metálicas ya que cuando Iván nació lo ponía en la chaise-longue del sofá, pero con Iván de por medio ahí corre peligro.

Las cositas de ropa y ajuar que pudo aprovechar de Iván ya están lavadas y guardadas, solo me falta plancharlas pero es que me da una pereza... pero lo haré.

Me falta montar la minicuna, que la tengo en casa pero sin sus vestiduras, porque se las encargué en rosa y me las tienen guardadas en la tienda hasta que las pueda recoger (en cuanto me paguen, ¿AHHHHHHH! ¡qué rabia me da!), pero las sábanas ya están planchadas y bueno, se monta en un momento.

Y me falta también el bolso del carro, que también está en la tienda, ¿adivinais a qué estoy esperando para recogerlo? sí, ¡a que me paguen! jajaja (me río por no llorar).

En realidad me faltan muchas cosas porque de haber podido le habría montado una habitación de princesa como a Iván, que es lo que se merece mi niña, pero no nos quedan más narices que esperar a que la economía vuelva a su cauce. Aún así yo le hablo todos los días a mi reina y le digo que no se piense que no me he molestado en preparar nada, que la quiero un montón y en cuanto pueda lo primero que haré será prepararle la habitación más bonita. Ya tengo las cortinas, la lámpara, las pegatinas decorativas, el coordinado de la cuna, nos faltan los muebles y pintar, así que prometo hacerlo en cuanto podamos, porque ilusión no me falta.

Así que bueno, como podemos vamos preparándonos para los dos grandes eventos de este mes de julio, espero que el más próximo sea el cumpleaños de Iván, que con la luna llena de por medio nunca se sabe... Nos volveremos de la playa el mismo domingo, porque el lunes tengo la última cita de embarazo por la Seguridad Social, y a punto de dar a luz mejor estar en casa, que tengo el hospital a 2 minutos. 

Si todo es así, el domingo por la noche prometo estar por aquí contando que la fiesta de cumpleaños ha sido un éxito y que Iván ha disfrutado en grande... Ains mi niño, ¡que cumple tres! Y parece que fue ayer...

martes, 12 de julio de 2011

38 SEMANAS, review del embarazo y un nuevo premio

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Ya me queda muy poquito para llegar al final de esta aventura, estoy a solo 12 días de salir de cuentas y, además de esperar a que Antía decida nacer, toca hacer balance de este embarazo. Yo me encuentro igual que la semana pasada, es decir, cansada y pesada, con dolor de espalda y en la zona púbica, con contracciones habituales pero totalmente irregulares, con lo que no hay cambios ni visos de que me vaya a poner de parto. Pero ya se sabe, que te puedes encontrar como una rosa y sin darte cuenta estar empujando. De todas maneras, cuando tenga que ser será.

Como decía, me apetece echar la vista atrás y hacer balance de este embarazo. Me siento muy afortunada porque realmente tengo la suerte de tener buenos embarazos, a pesar de que éste empezó algo más revuelto con las náuseas, pero no he pasado por nada dificultoso ni desagradable, así que no puedo quejarme.

El primer trimestre fue, como digo, más revuelto. Además para mí es algo tedioso, ya que sabes que estás embarazada pero salvo por las ecos, poco más te hace creer que de verdad llevas una vida dentro. No hay barriga de embarazada, todavía no se siente al bebé y es cuando sufres más síntomas molestos (como las náuseas o los vómitos). Se pasa algo lento, y parece que la barrera psicológica de pasar del 1º al 2º trimestre hace que la barriga de repente despunte. Pero aún así lo he vivido con muchísima ilusión, no deja de ser bonita la incertidumbre de saber si mi bebé sería niño o niña, hacer listas de nombres y empezar con los primeros planes.

El segundo trimestre fue fantástico, ha pasado como una balsa de aceite, se acabaron las náuseas y la barriga se hizo evidente muy pronto. Supimos que tendríamos una niña y eso supuso una nueva emoción, pues ya sabemos lo que es criar a un niño, así que la novedad de la niña supone todo un reto. Empecé a sentir muy pronto sus movimientos y desde ese primer momento no ha dejado de acompañarme, mi pequeña pateadora ha sido muy activa y no ha dejado de hacerse notar. Además es el trimestre en el que más favorecida me he sentido con el embarazo y la barriga, y el más cómodo porque ya me sentía realmente embarazada pero cómoda y sin que mi barriga fuera un impedimento para nada.

El tercer trimestre llegó casi sin darme cuenta, y aunque me encanta mi tremendo barrigón y me da pena perderlo, no puedo negar que he notado las limitaciones que me supone, sobre todo a la hora de estar con Iván. Por supuesto, quien ha sufrido las consecuencias ha sido mi niño, el pobre, ya que estas últimas semanas no he tenido las mismas energías ni he estado para los mismos trotes, por más que yo lo haya intentado. Sin embargo me he mantenido muy bien en el peso, no he echado tanta barriga como cuando Iván y, afortunadamente, no he sufrido la tremenda hinchazón de piernas y pies que pasé en el embarazo de Iván.
Eso sí, estoy mucho más cansada, con más molestias y  empecé a sentir contracciones antes que con Iván.

En resumen, un embarazo estupendo, feliz, ilusionadísima, a pesar de que los inconvenientes económicos no nos han dejado preparar las cosas de Antía como me hubiera gustado, pero todo se andará.

LO MEJOR: sin duda, la sensación propia de estar embarazada, ver crecer mi barriga, sentir a mi hija es algo que no tiene precio y que no soy capaz de describir; y sobre todo compartir todas estas sensaciones con Iván, vivir esta experiencia juntos, el recuerdo de cada uno de los besos que le ha dado a mi barriga.

LO PEOR: Ya al final el cansancio, el sentir que no estoy al 100% y que me cuesta la vida hacer el mínimo esfuerzo; las dos hemorroides que me han salido gracias al estreñimiento que me ha provocado el hierro, y el temor de que se me pongan peor en el parto. Despedirme de mi barriga, saber que voy dejar de sentir a mi niña, y pensar que esta puede ser la última vez que vivo algo así, esto último es lo que hace que me aferre más a estos últimos días de embarazo.

VOY A ECHAR DE MENOS... tocarme la barriga constantemente, hablarle a mi niña, que Iván ponga sus manitas en la barriga y le hable a su hermana, mirarme al espejo y verme embarazada, verme cómoda y favorecida con estos kilos de más que no molestan... en resumen, estar embarazada.

ESTOY DESEANDO... Dormir en condiciones, a poder ser boca arriba y no con este lumbago que me mata, y poder darme la vuelta en la cama sin ayuda; no tener que levantarme cada dos por tres en medio de la noche como si tuviera la vejiga a punto de reventar para mear tres gotita;  ponerme unos tacones y unos vaqueros, vestirme normal, aunque tarde un tiempo en reubicarme en mi cuerpo. Y sobre todo ver a mi niña, volver a vivir una lactancia, sentirla en mi pecho, empezar de nuevo la andadura de la crianza.

Ahora mi cabeza sí está totalmente dedicada al parto, se que llegará pronto y no puedo evitar pensar en ello, no tengo prisa por que llegue y tampoco tengo miedo, porque será como y cuando tenga que ser... pero ¿quién no tiene intriga de saber cómo será ese momento? Pronto saldremos de dudas.


Y para finalizar la entrada recojo un premio que ANNIE74 me ha dejado en su blog Las cosas de mi pitufo, el premio SUPERMAMÁ, término que creo me queda muy grande porque solo soy una mamá que intenta hacerlo lo mejor que puede.

Este premio consiste en contar qué es lo que más me gusta de ser MAMÁ, lo que me daría para una entrada completa...pero hoy toca ser breve así que no puedo más que decir es que lo mejor de ser mamá es sentir que mi vida es completa, que tener un hijo es lo mejor que te puede pasar en la vida; sentir a mi bebé en mi barriga, darlo a luz a pesar del dolor, amamantarlo con mi pecho viendo su cara de felicidad, sentir su calor en mis brazos... ver cómo crece, aprende cosas nuevas, cada risa, cada experiencia nueva en su vida... pero sobre todo, escuchar de su boca decirme "Mamá, te quiero mucho" con total sinceridad, el amor más puro y menos interesado. Sentirme amada por mi hijo es lo mejor de ser madre, sin duda.

Ahora tengo que pasarlo, y se lo voy a pasar a Kore de Las 7 vidas del gato porque hemos compartido nuestros dos embarazos de forma paralela, las dos tenemos un Iván en nuestras vidas y las dos esperamos una niña, aunque la suya se llamará Emma (no íbamos a coincidir en todo), y hemos compartido la experiencia de ser madres desde el principio, y mucho más que nos queda por compartir. Así que ahora mismo no se me ocurre nadie mejor que ella para recibir este premio.

Pero además os dedico este premio a todas las mamis que me acompañais en esta aventura bloguera, que sacais tiempo de donde no lo hay para compartir vuestros embarazos y maternidad con todas nosotras, que nos servís de apoyo, de consejo, y que entre todas formamos una comunidad cada vez más numerosa. Y en especial a todas las que seguís incondicionalmente, que participais con vuestros comentarios y siempre teneis una palabra amable. Gracias a todas, CARTAFOL, YO Y MIS MINIYOS, ANNIE74, MAMÁ CONTRA CORRIENTE, MAMÁ DE PARRULÍN, LONDON, PARIS, FRIKIMAMI, MI PRINCIPITO, M@RTA, JEZABEL, MARIA, YOLANDA, BEATRIZ, CELIA, MAMÁ BLUE y perdonadme porque seguro que me dejo a un montón por detrás. Y a las que vais a ser madres pronto, como ALMA o DIAMAR, para que no dejeis de compartir vuestra aventura como mamis.

Nos vamos de nuevo a la playa, así que no se cuándo podré actualizar, pero espero pueda ser pronto, lo que no se si será para hablar de las 39 semanas o para darle la bienvenida a Antía, Qué será, será...

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