domingo, 22 de enero de 2012

Platero e Iván... y los libros de mi infancia

"Platero es pequeño, peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro."

PhotobucketHoy hemos vuelto a la biblioteca, hacía tiempo que no íbamos entre una cosa y otra, pero Iván tenía muchas ganas de ir así que no lo he querido dejar esperar más. 
Se nota que estamos en la tierra de un poeta universal, Juan Ramón Jiménez, y por eso la sala infantil de la Biblioteca Pública de Huelva está presidida por la más famosa y entrañable figura de toda su obra, el burrito Platero. Y allí, junto a él, le hemos contado quien es y por qué es tan importante y Papá, que aún recuerda de memoria algunos los versos de tan conocida obra, se los recitó; aunque este Platero, lejos de ser algodón, es la mar de achuchable y dan ganas de subirse a su lomo, con lo grandote que es. 

Reconozco que yo no he leído esta obra, aquí es lectura obligada por razones obvias, en mi caso teníamos a Rosalía de Castro, Castelao o Valle-Inclán, y confieso que Juan Ramón Jiménez nunca ha sido santo de mi devoción, pese a que fue tema de COU y Selectividad.

No hemos estado mucho tiempo ya que la logística de salir los cuatro todavía no está lo suficientemente optimizada como para llegar temprano a los sitios; ha sido una horita corta, y nunca mejor dicho, pues en seguida nos dio la hora del cierre e Iván lloraba porque no se quería ir, pero le hemos prometido volver esta semana, alguna de las tardes, y echar más tiempo allí. Aún así la hora que estuvimos dio para bastantes cosas, entre ellas leer un  libro de gatitos que descubrimos en la anterior visita y que le encantó, ojear un libro sobre el universo, ya que a Iván le fascina todo lo que tenga que ver con los planetas, y hacernos socios, que es lo que me quedaba pendiente.

Yo era socia en mi época de estudiante, allá por el pleistoceno medio, cuando los carnets eran de cartulina con una foto pegada y los ordenadores eran un mero sistema de almacenamiento de datos. De aquella época solo quedan los libros, los arcaicos ordenadores han dado paso a avanzados sistemas informáticos en red, por lo que mi carnet de socia estaba más que caducado, no lo dudo. Le he explicado a Iván que va a tener un carnet propio y que con él puede llevarse los libros que más le gusten a casa, pero que tiene que cuidarlos mucho y devolverlos en unos días para que puedan leerlos otros niños, y parece que el sistema le gusta. Estaba como alucinado, allí en una sala tan grande y con tantos libros, "¡Puedo llevarme un libro y leerlo en mi casita!", "Sí cariño, puedes llevarte el libro que quieras que Mamá te lo va a leer, y cuando lo acabemos lo traemos y si quieres te llevas otro", adiviné en su cara la fascinación de poder disfrutar de todos esos libros.

Todo esto me trae muy buenos recuerdos de mi infancia. Siempre me han gustado mucho los libros -aunque desde hace tiempo no leo ni la octava parte de lo que quisiera-, fui muy precoz en la lectura y muy afortunada al tener una abuela que me lo compraba todo. Recuerdo con apenas 3 ó 4 años mi Biblioteca de los Jóvenes Castores con esa estantería roja que traía para ordenarlos; La colección de "Dime", esos maravillosos tomos rojos que te contaban el porqué de las cosas (Dime cuéntame”, Dime cuándo ocurrió”, “Dime dónde está”, “Dime quién es”, “Dime cómo funciona”); recuerdo una colección de cuentos de Disney cuya portada era un dibujo simulando un fotograma de la película, y allí conocí las historias de Mowgli, El pequeño Hiawata, Bernardo y Bianca, Cenicienta y otros tantos personajes... Recuerdo mi infancia llena de libros, pues mi abuela tenía un amigo kioskero y todas las colecciones que recibía acababan llenando las estanterías de nuestro salón, y afortunadamente todas eran para mí. No me cansaba de leer, lo mismo un cuento de "La bella Durmiente" que un tomo de la enciclopedia "Las siete maravillas del mundo". Mi curiosidad era ilimitada, y uno de los recuerdos más significativos que tengo es el del día que abrí "El libro de la vida Sexual" del Dr. López Ibor y vi por primera vez fotos de un parto real, me fascinó. Siempre he querido saber, siempre lo he preguntado todo, y cuando mi familia no respondía a mis preguntas buscaba mis respuestas en los libros.

En mi pueblo no había biblioteca pública porque había sido destruída en un incendio, hasta que rehabilitaron un antiguo edificio y por fin inauguraron la que hoy es la biblioteca municipal. No recuerdo el año, pero supongo que sería entorno a 1987, año arriba, año abajo; me entusiasmó el hecho de saber que había un lugar lleno de libros, donde sentarme a leer tranquila todo lo que me apeteciera, y fui de las primeras socias. Recuerdo que no me acompañó nadie, era una época en la que una niña de 8 años podía andar sola por las calles del pueblo sin los temores de hoy en día, era verano, y desde que me hice socia durante ese verano iba todas las mañanas, sin faltar ni una, me perdía entre los libros de la zona infantil y me pasaba horas eligiendo, leyendo, cambiando, ojeando... ¡Era feliz!. Y durante el curso iba por las tardes, después del colegio, y allí hacía mis deberes y trabajos, tranquila de saber que todo lo que necesitara para mis estudios lo tendría allí.

Muchos de los mejores momentos de mi infancia los he pasado entre libros y en la biblioteca, y no espero que mi hijo sea igual pues es algo que tiene que salir de uno mismo, pero sí intentaré darle todas las oportunidades posibles; ojalá pueda disfrutar de esta afición tanto como yo lo hice en mi niñez, y no dudaré en compartir estos momentos tanto como nos sea posible.

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